miércoles, enero 09, 2008

DIARIO DE UN MOTOTAXISTA

Por Alfonso Ramón Hamburger


Como si bailara terapia, el mototaxista viaja en su burra eléctrica- así les decía Albertico Fernández- en la caza de los clientes, que cada día son más disputados por la competencia. La cuota del vehículo, que paga por meses en una concesionaria, más los deberes del hogar, con una niña de un año, lo llevan super despierto, a cuatro ojos, porque la situación aprieta.
Ser dueño del vehículo le da su estatus sobre muchos que trabajan por una cuota en la mañana para quien le prestó la moto. De medio día para abajo es cuando pueden decir que empieza lo suyo. Se les ve agitado, delatados por su actitud psicológica y por las mangas largas postizas que se colocan en los brazos, en el afán de escapar de los estragos del sol. Cuando bajan por la carrera 17 hacia la avenida Alfonso López y ven que salgo de casa, me pitan hasta tres a la vez, como enjambres de moscas. Si se le saca la mano al que viene distraído, te atiende el que viene detrás. Ya ellos parece que conocieran al usuario habitual. A algunos ya no hay que darles direcciones. Ya saben donde vive uno. ¡Ah, a este monito lo veo por la plaza de Majagual!
Aunque se delatan con su ritmo terapia, porque el tiempo se convierte en su peor enemigo, tan letal como La Policía que les pone trampas en las esquinas, en cada mototaxista hay una historia. Los hay de todas las clases y tendencias. Campesinos desplazados que a duras penas saben prender el vehículo. Guerrilleros camuflados. Paramilitares. Desempleados. Profesionales. Tecnólogos, Padres de familia. Ex policías. Motociclistas asociados. Buenos conductores. Chambones. Amables. Groseros. Todos huelen a sol y gasolina. Pero al fin y al cabo, son un enjambre de colombianos que luchan en este estado de cosas para sobrevivir en el duro mercado y llevar para el diario vivir.
Con el tiempo se van volviendo duchos en el trajín de la ciudad. Se conocen al dedillo direcciones y vericuetos. Descubren historias. Saben que meterse en el anillo del centro es tan peligroso como una balacera en un ascensor. Te prestan el servicio, pero te advierten que te dejarán solo hasta la esquina de Las Vacas o en La Olímpica de La Pajuela. De allí hacia adentro es zona del tigre. Algunos se pertrechan en las esquinas con sus vehículos dispuestos al servicio rápido, oportuno, peligroso y barato. El mínimo costo del pasaje son 700 pesos, pero cuando el cálculo se les prende, te cobran 1000 y cuando más mil quinientos. Ellos calculan el trayecto de memoria, como el tendero que tiene el peso en la mano y corta la media libra de queso sin necesidad de meterlo en el peso. Hay algunos que son descorteces para el cobro. La mayoría tienen amarrado en la cintura un bolso en el que llevan el menudo para la agilidad en el vuelto. En las equinas estratégicas, donde bailan terapia mientras esperan, los distancia de los policías las miradas de recelo, como el boxeador que calibra la pegada del adversario mientras le calzan los guantes, a través de las curvas y del desfile de la modelo que anuncia el primer raund.
Alejito es un técnico en computadoras de una corporación sincelejana, con especialidad en Medellín. Hace tres o cuatro años, con su computador se ganaba la vida. Prestaba asesorías, levantaba textos, quemaba CD y vendía. Los sábados salía con 5 CD de música y regresaba a casa con 20 mil pesos. Con este negocio sucedió como con la venta de agua en bolsas. Se dañó. Ahora venden tres CD por 5000 pesos en los agáchate. En un tiro libre con barrera, Alejito preñó a su novia, porque no se explica que le paso al condòn. Su hermana también se dejó meter un gol. No hubo más remedio, el mototaxismo lo esperaba. Lleva año y medio en ese agite, pero nunca termina de aprender los secretos y los misterios de la ciudad. Todos los días traen su agite. Está terminando de pagar la moto, que sacó a crédito en un concesionario. Al centro no entra ni por el putas. Anda por las orillas, pero no tan en extremo, porque las orillas también tienen su peligro. En eso hay que ser equilibrado. La única vez que cayó en manos de la Policía fue por llevar a una anciana de limosna hasta la Galaxia del Plástico. No valió pataleo. La moto fue subida a la grúa y llevaba a las bodegas del transito. Había sido empleado alguna vez del Municipio y era amigo del papá de un policía. Después de seis días sin ingresos familiares, fue exonerado, ayudado por la política. Un amigo le pagó el costo de la grúa y el parqueadero, lo que es innegociable por los funcionarios municipales, pues este contrato es de una empresa privada. Los de las grúa parecen asaltantes de camino que embarcan las motos mal estacionadas y las desaparecen de escena en un abrir y cerrar de ojos.
La salud del mototaxista es precaria. La mayoría no tienen seguridad social, porque el seguro de la moto es primordial y ya no lo quieren vender. A Alejito, a los 8 meses de actividad, empezaron a salirle brotes en los brazos. La dermatóloga le mandó una crema que vale 70 mil pesos. Menos mal que una crema casera lo curó y ahora se protege con mangas postizas que lo delatan al ritmo del baile terapia de sus ojos saltones que buscan clientes.
Eso de los clientes para la cuota diaria, que oscila entre 10 y 25 mil pesos, deducidos los 7 mil de gasolina, si que es cada día un misterio. Los hay de todos los pelambres y estilos. Algunos regatean el precio. Otros dicen que espérame aquí que ya vengo y se vuelan. Otros, aún con corbata de ejecutivos, piden que los lleven a donde venden esa vaina, en los senderos del tigre, ya sea en El Bosque o Camilo Sexto. En este momento, el oficio se vuelve peligroso y a veces es mejor dejar perder los 700 pesos. No se está exento de un accidente o de un atraco.
... Y lo peor. No se sabe hasta donde irá a parar esta situación. No se vislumbra una solución, mientras el mundo sigue al ritmo endiablado del mototaxismo.

sábado, noviembre 17, 2007

CIERTOS HOMBRECITOS SERVILES

Por Alfonso Ramón Hamburger

Conozco ciertos hombrecillos que están cómodamente instalados en la realidad. Van a misa los domingos, comulgan y diezman de sus ingresos. Pagan s
us impuestos en forma puntual. Son fieles a sus esposas. No protestan por el alza desmedida del agua, la luz o el teléfono. Saben exactamente la fecha en que Colombia le ganó por cinco goles a cero a la Argentina, el día que Lucho Herrera ganó la vuelta a España y cuántos goles marcó el Junior de Barranquilla en su último campeonato. Esos hombrecillos jamás se equivocan, pero tampoco cambiarán el mundo.

A esos hombrecillos les conozco el espiche, como dice mi papá. Los reconozco a leguas. Son formalitos. Se los encuentra uno en los supermercados empujando el carrito, con una barriga de pequeño burgués, los zapatitos embetunados y ropa de Almacén Carmelita. O se los halla uno saliendo de la panadería de la esquina, con una bolsa de pan, mientras el mundo va a un despeñadero. Sus hijos estudian en el mejor colegio de la ciudad y discuten sobre el carro nuevo, el apartamento lujoso o el disco de Shakira. De hecho, sólo cuentan con el voto suyo y si acaso con el de su mujer, pero están enganchados en una institución oficial u otra privada manejada por los políticos, donde lograron entrar gracias al tráfico de influencias usual en estas tierras caribes. Algunos se graduaron en la Universidad que el tramitador de certificados falsos, El Garrafón tiene montada en el parque Santander y aunque tuvieron altibajos, un rato de suerte los equilibró en sus puestos. Algunos de ellos son caminantes y pintaron el mapa de la prosperidad o fueron cursillistas de no sé que movimiento católico, para estar más cerca de las decisiones de los altos jerarcas. En sus posiciones burocráticas sólo esperan que pase el tiempo para lograr una jubilación y dedicarse a llenar crucigramas, jugar dominó y arrancón bajo un palo de laurel.

Por la vida uno se va encontrando estos hombrecillos. Son los primeros que se oponen a la gente talentosa que llega a esas instituciones y proponen cambios. Para ellos todo está bien. Le tienen miedo al cambio. Y son, por supuesto, los primeros en votar en las elecciones, claro, por el mismo de siempre.

... Ese tipo de hombrecillos, de tantos que infortunadamente uno va encontrando en casi todas las instituciones, no van a cambiar el mundo, pero no se dan el lujo de cometer errores. Y las instituciones donde cayeron con base en el lagarteo, no están preparadas para una arremetida de la competencia en este mundo globalizado, porque se quedaron en el tiempo. Se les olvidó que la única manera de mantenerse jóvenes es seguir estudiando.


Esos hombrecillos, cómodamente instalados en la realidad, los hay por todas partes. Hablan bien de los políticos de turno, les hacen el mandado. Algunos fungen de periodistas. Otros creen que no hay nada nuevo bajo la luz del sol y se dedican a contar los días, mientras llega la quincena. Esos hombrecillos no demarcarán el derrotero de un nuevo Sucre ni una mejor Colombia.

Sucre y Colombia necesita de hombres arriesgados, que se atrevan al cambio, que sean francos y transparentes: que no se embriaguen como un chevrolito porque algo les salió bien. Se necesita de hombres que se atrevan a cometer errores, que propongan, que pregunten, que cuestionen, que feliciten solo cuando haya que hacerlo, que establezcan una verdadera relación de cotidianidad, como mi paisano Jorge Ramírez Caro, que a sus 42 años, acaba de ganar el premio Ateneo de Novela en España, porque se atrevió a derrotar el realismo mágico del Macondo tentador de Gabriel García Márquez, que tanto daño le ha hecho a los nuevos narradores colombianos.

De Ramírez es la siguiente frase: “A veces el ejercicio de la crítica encuentra su principal obstáculo en el miedo o en el servilismo: tememos disentir porque somos fieles, obedientes y serviles. No queremos ser puestos al margen ni en contra del centro. Queremos cortejar, agasajar y complacer a todo aquel que represente un peldaño para nuestro ascenso”.

lunes, agosto 20, 2007

¿POR QUÉ VUELAN LOS GOLEROS?

Por Alfonso Ramón Hamburger

Papi ¿Por qué vuelan los goleros? Mija, porque tienen alas. Papi ¿Cómo aterrizan los goleros? (¡?¡’...)


En la parte trasera del carro, mientras conduzco esquivando las motos y pendiente de las noticias de la radio, Mariali me va levantando a preguntas.

La voy viendo por el espejo retrovisor y observo sus cachetitos de cuatro años y sus ojos que se van tragando todos los detalles del mercado El Papayo.

Mariali ya dejó las pataletas para no ir al colegio y ahora está en la época de las preguntas. Los psicólogos dicen que los niños son como una esponjita que todo lo va recibiendo y guardando en el disco duro.


Papi ¿Cómo aterrizan los goleros? Mientras trato de cruzar la avenida Ocala en la intersección de la Avenida Alberto Gómez Revollo (¡?), siento todo el peso de la confusión. Los goleros, que están estirando sus alas parados en la punta de los postes de la luz me han metido en un lío. Al final y en el momento en que en la radio comentan la alocada propuesta del Alcalde de coronar al Rey Uribe, logro descifrar el rompecabezas del cruce. No hay un semáforo y toca abrirse a lo bravo en el marasmo vehicular de las 6 y 45 de la mañana.

Rumbo al colegio me siento impotente. ¿Cómo aterrizan los goleros? ¿Por qué vuelan? Estoy partido. Mariali me ha dado una lección. Por lo regular a veces voy muy entretenido con los comentarios de Silvio y de Domar ( mis queridos compadres) y no le presto atención a esa periodista en ciernes que llevo en el puesto de atrás.

Entre los dos y los cuatro años, los niños reciben la información que los moldeará para toda la vida, dicen los psicólogos.

Confieso que estoy emocionado. Mis novias fantásticas han pasado a un segundo plano (menos una y ella lo sabe). Ahora no cambio las lecciones diarias que me dan Mariali y Orieta. Por eso no me da pena compartir estas experiencias con los lectores, pese a que algunos críticos se sientan incómodos.

Llegando a la Troncal, Mariali me comenta que hace calor, entonces trato de desquitarme y le pregunto que si acaso ella sabe qué es frío y qué es calor.

- Claro, Papi, calor es cuando tienes que prender el abanico y frío cuando abres la nevera.

Me dejó pasmado. Dicen que ese es el tipo de preguntas que se manejan en la educación de hoy. Las respuestas son conceptuales y no tienen que ser la repetición exacta de lo que se lee en el libro oficial, menos si es recomendado por una editorial de esas que sólo cambian el nombre, porque el contenido es el mismo, pero más caro.

Cada pregunta que Orieta y Mariali me hacen es como descubrir que nos hemos quedado obsoletos y que nada sabemos realmente, pero las recibo como una linda oportunidad para repasar la escuela que nunca tuve en la infancia que nos correspondió vivir allá en el monte, pero no por ello infeliz.

Ahora que escribo estas reflexiones, refugiado en la escritura, escuchando a Manuel Medrano para huir de la mala televisión con su pasión descomunal de goles, glúteos y guerras, se me ha acercado Orieta, con una pregunta a quemarropa ¿Papi, que es singular y que es plural?

Ella, sin tomar apunte (como su papá en las ruedas de prensa) toma la idea, va, escribe y regresa.

Me cuenta cosas de la jornada. Sus amiguitas están locas con el tema promocional del factor XS. Todas han puesto a sus padres en pretina para que les compren el CD. Ella no, por lo que una de sus compañeras la quiso ofender señalándole que era la única que no tenía el mencionado CD en su salón.

Su respuesta la puso en su puesto: “Mira, amiga, en vez de estar pendiente de la telenovela de moda deberías preocuparte por estudiar más porque reprobaste dos materias”. ¡Plop!

martes, julio 31, 2007

TENGO AMORES CON LA CHECHI

Por Alfonso Ramón Hamburger


Tengo amores con la Chechi Baena, pero ella no lo sabe. Siempre ha sido así. Ajá, uno se enamora solo, va a las citas, pero lo malo es ilusionarse.
No es la primera vez que me sucede. Cuando surgió Isolina Majul, una niña barranquillera que destrozaba a los ajedrecistas contrarios como si jugara un partido de damas con tapillas de cerveza, fue lo mismo. La briosa mente de la hermosa barranquillera era tan contundente que parecía una candela arrasando casas de palmas apretujadas en una planicie en pleno verano. Sólo quedaba el solar. Con esa misma fuerza arrasaba mi provinciano corazón. Y yo la amaba...
Lo bueno de estos amores míos es que no le hacen daño a nadie ni a mi mismo tampoco, pues muchas veces me han servido de inspiración. Como en el caso de Rubén Darío Salcedo, quien no logró tocarle un solo pelo a La Colegiala, pero ella le regaló tres de sus mejores canciones, en medio de esa borrasca de pensamientos entristecidos del primer amor.
De Isolina me gustaban muchas cosas y llegué a soñarla como la mujer ideal para llenarla de hijos, pero la veía tan flaquita, tan niña y yo ya era un hombre de universidad. La quería por ser costeña (soy costeño por encima de todo) y barranquillera, además. Era hija de un hombre humilde, que la cuidaba como a leche en verano.
Seguí su carrera hasta mucho después de venirme a las sabanas, pero jamás me le acerqué a nada, pues soy alérgico a los autógrafos, menos si provienen de esa persona que se ama en silencio.
Ahora yo sigo joven y ella ya es una dama. Hace poco la vi en una entrevista por televisión. Sigue siendo bella e inteligente. Al fin, se casó con un moreno cabeza cuscú. Creo que era su entrenador. Hasta mi mujer, sin saber que la reina del ajedrez algún día fue mi ilusión, dijo que ese man era muy feo para ella. Yo guardé silencio.
Fui cobarde para abordarla. ¿Qué tal si la espero? Jamás la vi en persona. Y creo que fue lo mejor, pues me hubiese desmayado del susto. A lo mejor, si la veo, no hubiese sido capaz de decirle nada.
Ahora tengo amores con la Chechi Baena, pero ella no lo sabe. Pero resulta que este es un amor diferente, de más respeto. ¿Acaso amar es un delito? Es un amor que está más cerca de mi sentimiento regional. Cuando la veo en la televisión y en las propagandas, haciéndonos quedar tan bien, pero tan bien, me acuerdo de Cartagena y los años que sentí en la piel la palpitación de sus murallas ( 1987-1992). Eugenio, su padre, es nuestro colega y me imagino lo orgulloso que debe estar, como lo deben estar los colegas comentaristas del deporte.
Cuando pasaba en las busetas o en el carro papamóvil de El Universal detrás de los casos judiciales de Cartagena en el Pie de la Popa, me encontraba que Eugenio estaba sacando su carro del parqueadero de su inmensa casa de ricos. A veces me lo encontraba en los bancos, en las ruedas de prensa o en otras partes, pero jamás sospeché que un día tuviera una hija tan hermosa y practicando un deporte no tradicional en Cartagena. Ella tendría 3 , 4 o 5 añitos, pues nació el 10 de octubre de 1986. Ahora ya es una niña-mujer. Tener una hija así luce mucho para un padre periodista. Es un ejemplo que nos enaltece a los periodistas.
... Y la Chechi estuvo en Sincelejo y yo me quedé quieto en mi casa, pues soy cobarde para afrontar la realidad. ¿Será que ya estoy perdiendo el olfato del periodista? ¿O fue que le tuve miedo? ¿Quién le hizo la entrevista que debía hacérsele? Por Dios y la tuve tan cerca.
La vi delgada y pequeñina en la prensa, pero radiante y hermosa, con esa sonrisa que trasciende más allá de la ilusión. Doy gracias a Gustavo Pérez, por presentármela en una entrevista de este domingo 21 de marzo, en que no he resistido el deseo de gritar este amor y por eso he corrido al computador. Percibo en esta entrevista que en sus respuestas hay mucha ternura e inteligencia. Tiene chispa y deduzco que estudiará otra cosa distinta al periodismo, pero al final será periodista como su padre.
Yo, de prono me la hubiese embarrado en una entrevista con ella, pues habría comenzado, como todo un bobo, por la última pregunta que le hizo el negrazo cartagenero. ¿Quién es el dueño de tu corazón? Dicen que preguntarle a una pretendiente si tiene novio es sacarse uno mismo de taquito. Eso me lo aprendí de memoria de tanto tirar el lance sin conseguir nada. Confieso que en el amor he sido muy torpe y a la hora de la verdad no sé expresarme demasiado y por lo regular hago como el burro cuando lo espantaba el tigre. Se iba corriendo, pero regresaba a ver quién era el que lo había asustado y allí el tigre si que se lo cogía.
Si yo hubiese sido Gustavo, habría comenzado la crónica con el cuento de la casa y de las palomas. La casa inmensa y rosada del barrio Pie de la Popa donde nació mi amada, esa novia mía y de todos los colombianos, era visitada por un enjambre de palomas que a cada instantes se le revelan como la imagen más recurrente de una niñez feliz.
Y la paloma voló y voló, dejándome con esta fregantina en el corazón.

martes, julio 10, 2007

EL CORAZÓN DEL GOBERNADOR

Por Alfonso Ramón Hamburger

Me dijo una amiga en broma, con ese lenguaje macondiano que en el momento en que los médicos le abrieron el corazón del Gobernador Jorge Anaya Hernanadez, para lavarlo, salarlo, ponerlo al sol y colocárselo de nuevo, el cirujano encontró un pedazo de queso. Era un pedazo de queso sinceano como de una libra y cuatro onzas completas, pesado en peso de totuma de palo, de esos que a veces resultan tramposos.

“El cirujano se parecía a mi abuela. Tenía el peso en la mano” precisó la dama.

¿Qué más le pueden encontrar en el corazón a un Cinceano? Agregó la mujer, con cierta coquetería. Y yo, que me crie a punta de leche de vaca, también lo creo.


Aunque en el enunciado había cierta picardía y un poco de temor a la vez por tratarse del corazón del Gobernador, la mujer estaba en lo cierto. No sé con exactitud que filósofo fue quien lo dijo, pero el hombre “es lo que come”.

Y por ende, ese corazón del Gobernador, me imagino que debe pesar como cuatro libras por lo menos, sino más. Si fue hecho a punto de yuca sabanera, queso, suero y carne en llanera, debe ser un corazón fuerte en lo físico. De ese otro corazón, del espiritual, deben encargarse quienes de veras conocen a este hombre apacible que ni siquiera los arrebatos de un muchacho con ganas de sucederlo en el trono pudieran descomponerlo cuando lo sacudió a punta de preguntas agresivas. El corazón humano no es de acero, como el de la colegiala de Rubén Darío Salcedo, de modo que no resistió las arremetidas de una camioneta de vidrios ahumados estrellada adrede contra la verja de su residencia y se enmarañó. Si, enmarañó es la palabra según dicen en la mojana. Se reventó.


Lo del corazón no solo es un problema del Gobernador, es un problema de la sociedad actual, arrinconada por el estrés y el estándar irracional. ¿Sí tenía necesidad este señor de ser el Gobernador de uno de los departamentos más corruptos y atrasados del país? Es la pregunta que se hace la gente en la calle. “Un señor jubilado, que ha tenido todas las dignidades de su partido (¿o grupo?) que se dedicaba a llevar a sus hijos y nietos al colegio, no debió asumir tanta responsabilidad”, escuché en un corrillo.
“Es que el corazón es una presa traicionera”, me explicó alguna vez el compositor Miguel Manrique, para señalar que cualquiera puede morir de este mal, de esa presa, en la que dicen se anida el sentimiento del amor.

Las estadísticas dicen que los problemas cardiovasculares son la segunda causa de muerte en el país, después de las balas. Existen antecedentes según los cuales, un gran jefe guerrillero murió del corazón y no de las balas, lo que es algo extraño en un país en guerra, como el nuestro.

De todas maneras, hecho a punta de queso o de otra cosa, el corazón del Gobernador ha sido reparado y podrá aguantar por mucho rato, pues no se trata de un transplante sino de una reparación de cañería casi obstruida por la grasa. Lo de salado y secado al sol como cualquier carne de res o de marrano es algo macondiano, una figura garciamarquina, propia de Sucre, verdadero espacio creativo de Gabo.
Y de hecho, aunque este es un departamento en estado de embotellamiento y con pocos signos de alivio (por favor lean el estudio que le patrocinó Fonade a la Fundación Sabanas, Golfo y Río), hay que gobernarlo más con la cabeza que con el corazón. Y por ende no se trata de que quien lo maneje sea un tipo que se trague a zancadas todos los vericuetos de sus cinco subregiones (¿O seis?), sino que administre con sensatez y sin la presión de los malabares que se hicieron para llegar al cargo.

Quienes pregonan como bandera la juventud para dirigir se olvidan que senado viene de senil y que los abuelos son los que cargan la mayor sabiduría para aconsejar el destino de los pueblos.

Tampoco se necesita de briosas camionetas cuatro puertas repletas de guardaespaldas para mandar en un territorio, cuando Simón Bolívar libertó cinco naciones a lomo de caballo.

Además, ¿por qué achacarle todo el sentimiento al corazón, cundo no se puede vivir sin hígado y sin riñones?

sábado, mayo 26, 2007

LAS ESQUINAS DE SAN JACINTO EN TELECARIBE.

Sincelejo. La filosofía ha tratado con especial interés el tema del tiempo, del que Ortega y Gasset dice que es estático y que somos nosotros los que pasamos por éste. En cambio, el espacio, el que habitamos y que nos habita, apenas empieza a ser motivo de interés por quienes aman el pensamiento. Las calles, las plazas, los patios y especial las esquinas en nuestros pueblos caribes, son vitales.

En San Jacinto, especialmente por la poética de Adolfo Pacheco, existen famosas esquinas que todavía permanecen pese a los embates de “la modernidad” , las motos, los carros y la guerra, como El Gurrufero, La Cuevita, La esquina de La Trampa y Pacho el Curita, amén de la tienda de Licho el de Gucho.

Este es el tema de VOX POPULI, que hace una correría por las esquinas de San Jacinto, lugares de encuentro y de tertulia. Para hablar de esas calles por donde la gente aun camina por el centro y de esas esquinas inolvidables donde se hicieron los primeros fandangos y se estrenaron los sentidos de la gaita, fueron invitados los filósofos Numas Armando Gil y Tomas Vásquez Arrieta.

Véalo este sábado 26 de mayo por Telecaribe, 10 y 30 P.M

sábado, mayo 19, 2007

VOX POPULI (DE CORRERIA):LAS GAITAS MAS AFINADAS DEL MUNDO

Sincelejo. Las gaitas más afinadas del mundo, capaces de ensamblarse perfectamente en un formato orquestal, es el tema del periodistico VOX POPULI, DE CORRERIA, que presenta esta sábado 19 de mayo a las 10 y 30 de la noche Telecaribe.

Alfonso Hamburger, director de este programa, rompió el esquema tradicional de la crónica para darle la palabra a la música y a los instrumentos más ancestrales de América, las gaitas cabeza e cera, que han tomado una nueva dimensión con Juancho Nieves, un músico sabanero que lleva una investigación seria sobre este instrumento.

Con sus gaitas afinadas con el sistema universal 4:40 Nieves conformó una orquesta para interpetar claíscos de la sabana como El Bide, El Pájaro, El Vaquero o La Pava Congona. Nieves celebró sus primeros 50 años en el magestuoso teatro Los Corraleros de Sincelejo, acompañado por Mario y Felipe Paternina, Rodrigo Petro y Alejandro Garcia, en un concierto convocado por el periodista Manuel Medrano Barragán, para celebrar el día de las madres,las madres gaitas.


La música sabanera, que no se cansa de explorar nuevos formatos, tiene la palabra en este periodistico, donde los televidentes podrán ver los adelantos musicales de La Sabana, cuna de los gloriosos corraleros de Majagual, precursores del exitoso conjunto "vallenato" o de acordeón de hoy.